jueves, 22 de marzo de 2012

Espirales de canela con glaseado de limón


Espirales-de-canela-con-glaseado-de-limonIngredientes (para 10 espirales):
  • 1 plancha de hojaldre
  • 3 cucharadas de azúcar en grano
  • 1 cucharada de canela molida
  • 1 huevo batido
  • 4 cucharadas de azúcar glass
  • 3 cucharadas de zumo de limón
Preparación:
Mezclamos el azúcar en grano y la canela molida y cubrimos con esta mezcla la plancha de hojaldre.

Enrollamos y cortamos 10 espirales, desechando los extremos.

Ponemos las espirales sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear, se pintan las espirales por los lados y por la parte superior con el huevo batido, y horneamos durante 10 minutos a 220º, aproximadamente, hasta que estén bien doradas.

Mientras se hornean, preparamos el glaseado, mezclando en una taza o bol pequeño el azúcar glass con el zumo de limón.

Una vez horneadas, se dejan templar y se cubren con el glaseado.

Receta e imágenes de María Lunarillos

miércoles, 14 de marzo de 2012

Autoestima




Consejos para estimular la autoestima de los niños

La autoestima se construye a través de un proceso de asimilación e interiorización desde el nacimiento pero que puede modificarse a lo largo de toda la vida. Se genera por la imagen que los otros nos dan de nosotros mismos y por el valor que demos a esta imagen. Es durante la infancia y adolescencia donde la autoestima crea una marca profunda, porque es en estas etapas cuando nos encontramos más vulnerables y flexibles.

Considerando que una buena autoestima hará con que el niño experimente efectos positivos como la confianza, el ánimo, el interés y el placer de aprender y de realizar sueños, es necesario que sea edificada desde que el niño sea apenas un bebé. El afecto y el cariño entre el recién nacido y sus padres, pueden ser considerados una guía de la autoestima. El bebé debe sentirse querido y abrazado por lo que es. Por eso, en el caso de que tu bebé haya nacido con alguna anomalía o deformación física, cuide para que él no sienta tu preocupación. Acércate aún más a él. El niño que no siente que es valorado por sus padres, puede desarrollar el miedo de ser abandonado.
Como siempre decimos, cada niño es único, y en el caso de que quieras construir una buena autoestima en tu hijo, debes considerar factores como su temperamento, sus habilidades, debilidades, mecanismos de defensa, deseos, y su nivel cognitivo.

Cómo estimular la autoestima en casa
Para desarrollar el sentimiento de valía personal en los hijos es necesario que estos se sientan queridos por las personas más significativas de su entorno familiar. Por esto, la clave del éxito reside en una mejora e incremento de la comunicación entre padres e hijos.

Para fomentar la autoestima del niño puedes seguir algunos pasos a seguir:

1- Incentiva el desarrollo de las responsabilidades del niño. De una manera positiva, crea algunos compromisos y exija, en un clima de participación e interacción, su cumplimiento por parte del niño.

2- Dedica a cada hijo el tiempo que sea necesario. Cuánto más íntima sea la relación con tus hijos más fuerte será la convicción de estos acerca de su valía personal. En este sentido, los niños que posean una autoestima entre baja y mediana necesitarán un contacto mucho más personal que los que tengan una autoestima alta.

3-  Da la oportunidad al niño a que tome decisiones y resuelva algún problema.

4- Solicita a tus hijos ayuda y consejo. El hecho de asignar responsabilidades a los niños contribuye a desarrollar en ellos un sentimiento de confianza y además si le pides su opinión contribuye a aumentar sus sentido de valía personal. Se recomienda que esta ayuda y consejo se soliciten y que no se exijan.

5- Refuerza con positivismo las conductas del niño. Por ejemplo, cuando él haga los deberes, o recoja sus juguetes, o se cambie de ropa solo, dile con cariño y de forma efusiva ¡qué mayor eres!, ¡Gracias por ayudarme!, o ¡lo has hecho muy bien!

6- Pon  límites claros a tu hijo, enseñándole a prever las consecuencias de su conducta. Ejemplo: "Si no recoges tus juguetes, no irás al cine". Y que no haya vuelta atrás.

7- Comparte tu vida con tus hijos. A los niños les encanta escuchar anécdotas ocurridas a sus padres. Otro aspecto, es que también les gusta que los padres les lleven a sus lugares de trabajo o a los sitios que frecuenta con sus amistades. Estos aspectos favorecen que el niño se sienta importante en la vida de sus padres.

8- Enseña a tu hijo a resolver sus propios problemas y a aprender de sus errores y faltas, de una forma positiva. Por ejemplo, si el niño no alcanza una buena nota en una asignatura escolar, anímale a estudiar más y a prepararse para superarse en el próximo examen. De nada adelantará culpabilizarlo. El niño debe sentir que un error puede ser convertido en un aprendizaje y, consecuentemente, que podrá arreglarlo si emplea más esfuerzo.

9- Se  auténtico y sincero. Este aspecto significa que con los hijos se debe ser honesto y espontáneo. Ser auténtico exige que los padres no se contradigan en las valoraciones que hagan de sí mismos y que no proyecten sus inseguridades sobre sus hijos.

10- Deja de lado las críticas que nada construyen. Los insultos no favorecerán a la autoestima del niño. En lugar, por ejemplo, de decir "eres un desordenado, tienes tu cuarto como una basura", mejor decir "No me gusta ver tu cuarto tan desordenado, me pone muy triste". Así, estarás demostrando que lo que a ti te disgusta es el desorden del cuarto, no el niño.

11-Procura trasmitir mensajes verbales y no verbales coherentes. Los niños son muy sensibles al lenguaje gestual. Por esto, se debe de tener en cuenta que la distancia física, la velocidad del habla y la expresión facial sean coherentes con el mensaje.


Autoestima en clase

La llegada a la escuela supone un reto muy importante para el alumnado, que debe comenzar a construir su propia identidad en un medio que no conoce y en el que carece del grado de confianza que disfruta en su entorno familiar.
Por ello, es de enorme importancia que el desarrollo de una adecuada y ajustada autoestima se trabaje desde los primeros momentos y desde las primeras etapas del sistema educativo en colaboración con el otro gran pilar de la vida del niño: su familia.

Basándonos en que la socialización del alumno debe hacerse atendiendo a los grandes focos de influencia en estas edades, que son la familia y la escuela, ponemos de manifiesto la importancia de las relaciones de comunicación y participación de ambas en el proceso educativo del alumnado.

El programa de autoestima en la escuela, cuyos objetivos serán:

• Adquirir una imagen positiva.
• Confiar plenamente en las propias capacidades de actuación.
• Mejorar la independencia y autonomía.
• Confiar en la docente.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Padres sobreprotectores



Para que los niños tengan un buen desarrollo emocional, necesitan sentirse queridos y cuidados por sus padres; sin embargo, un exceso de protección puede traer más problemas que ventajas.
 Es lógico que todos los padres quieran lo mejor para sus hijos: los mejores alimentos, los cuidados médicos más avanzados, la ropa más bonita y los juguetes más estimulantes, pero bajo esta premisa algunos de ellos envuelven a sus niños entre algodones sin darse cuenta de hasta qué punto pueden perjudicar con ello el desarrollo de su personalidad.

Este tipo de padres, viven tan pendientes de sus vástagos que ponen un celo desmesurado en sus cuidados y atenciones, ven peligros donde no los hay y les ahorran todo tipo de problemas, pero a su vez les privan de un correcto aprendizaje ya que no les dejan enfrentarse a las dificultades propias de su edad de donde podrían extraer recursos y estrategias que les servirían para su futuro.
Muchos son los indicadores que pueden servirnos de ayuda a la hora de pensar si no les protegemos en exceso, algunos de los más evidentes son:
  • Observar si cuando cometen algún error o tienen algún tropiezo tendemos a disculparles y proyectamos su responsabilidad en compañeros y maestros, o bien si hablamos con ellos de sus conductas y sus resultados.
  • Analizar si tendemos a evitarles situaciones que pensamos pueden resultarles conflictivas o difíciles de resolver o, si por el contrario, procuramos prepararles para ellas.
  • Ver si nos anticipamos a sus demandas procurándoles a menudo lo que aún no han pedido, como juguetes, golosinas, distracciones, etc.
  • Pensar si estamos fomentando en ellos conductas más infantiles de las que corresponden a su edad porque quizá nos resulta difícil aceptar que están creciendo.
Una relación padres-hijos basada en la sobreprotección tiene más efectos negativos que positivos ya que a los niños les costará mucho llegar a alcanzar su madurez.

Además, impedir que un niño aprenda por sí mismo y responda espontáneamente a las situaciones que surjan a lo largo de su proceso evolutivo puede provocar:
  • La disminución en su seguridad personal.
  • Serias dificultades a la hora de tolerar las frustraciones y los desengaños.
  • Un mayor apego hacia sus padres que más adelante puede generalizarse en cualquier tipo de conducta dependiente.
  • Niños insaciables que no saben valorar nada de lo que tienen y que más que desear las cosas las piden de una forma compulsiva y sin sentido.
  • Un retraimiento o inhibición en su conducta que dificultará sus relaciones sociales: no les gusta ir de campamentos, les cuesta jugar o conversar con otros niños de su edad, no pueden afrontar situaciones nuevas.
Por tanto, si no queremos convertir a nuestros hijos en criaturas inseguras, inhibidas y dependientes, hemos de prestar atención a su desarrollo evolutivo para saber qué podemos exigirles que hagan por sí solos.
En cualquier caso, hay que ser conscientes de que van creciendo y deben ir separándose - como nosotros de ellos - para conseguir una identidad propia.
En muchas ocasiones, conviene aplicar el refrán y dejarles tropezar dos veces en la misma piedra. De los errores siempre es posible aprender.

domingo, 26 de febrero de 2012

Bocadillo especial


Hoy os vamos a proponer hacer la cena con los niños, o mejor que la preparen ellos.

Si tienes más de un hijo pídeles que cada uno prepare una carita diferente. Seguro que se divierten... eso sí, quedan tan reales que a lo mejor son reticentes a darles el primer mordisco...

Ingredientes:
- Pan especial para hamburguesa o cualquier pan de bocadillo redondo.
- Jamón de York y queso.
- Queso de untar.
- Tomate "cherry".
- Calabacín.
- Aceitunas.
- Mayonesa, ketchup o mostaza.

Preparación:
Unta las dos mitades del pan con lo que tu hijo prefiera, mayonesa, ketchup, mostaza o queso de untar. Introduce un par de lonchas de jamón York, y una de ellas dóblala para que tenga la forma de una lengua. Déjala ligeramente fuera del pan...
Le toca el turno a los ojos. Los vamos a hacer con calabacín, aunque también quedarían bien con un par de rodajitas de huevo cocido. Para pegarlos utilizaremos queso de untar. Para que quede más realista le añadimos dos trocitos de aceituna. Si quieres que quede más gracioso, ponedle cada ojo mirando a un sitio...
También le añadiremos los dientes con dos cuadraditos de queso.
La nariz puede ser medio tomate "cherry". Recordad que se quedan muy bien pegados con el queso de untar.
Ya casi lo tenemos... Ahora vamos a darle un toque  más loco añadiéndole el pelo, que podéis hacerlo con tiras de zanahoria o de pimiento. Clávalas en el pan y...¡ya tenéis un bocadillo de lo más simpático y saludable!

lunes, 20 de febrero de 2012

MANUALIDADES

Divertidos monstruos hechos con calcetines

Siempre me he preguntado: ¿Dónde van los calcetines que desaparecen?
Este misterio nos deja con un montón de calcetines que no sabemos qué hacer con ellos.
Aquí te proponemos unas ideas que nos hemos encontrado en internet.

Lo único que necesitamos son unos calcetines, aguja, tijeras, lana y botones





   JIRAFA
 



Y muchas más


domingo, 19 de febrero de 2012

Inteligencia Emocional


La inteligencia emocional es un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo, sus reacciones, estados mentales, etc., y que puede definirse como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones.

 Esta inteligencia comprende tres componentes:

· Conciencia en uno mismo: es la capacidad de reconocer y entender en uno mismo las propias fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, así como el efecto que éstos tienen sobre los demás y sobre el trabajo.

· Autorregulación o control de sí mismo: es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.

· Automotivación: es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones.


La Inteligencia Interpersonal cuyas competencias tienen que ver con el manejo social efectivo, la capacidad de relacionarse con quienes nos rodean y de crear una red de relaciones interpersonales sanas. Comprende los siguientes componentes:

· Empatía: es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales.

· Destreza social: es el talento en el manejo de las relaciones con los demás, en saber persuadir e influenciar a los demás.

  

Estas cinco competencias son muy útiles para cuatro áreas fundamentales de nuestra vida:

1. Propenden a nuestro bienestar psicológico, base para el desarrollo armónico y equilibrado de nuestra personalidad.

2. Contribuyen a nuestra buena salud física, moderando o eliminando patrones y/o hábitos psicosomáticos dañinos o destructivos, y previniendo enfermedades producidas por desequilibrios emocionales permanentes (angustia, miedo, ansiedad, ira, irritabilidad, etc.).

3. Favorecen nuestro entusiasmo y motivación. Gran parte de nuestra motivación en distintas áreas de la vida está basada en estímulos emocionales.

4. Permiten un mejor desarrollo de nuestras relaciones con las personas, en el área familiar-afectiva, social y laboral-profesional.


Conviene señalar que estas competencias no son cualidades innatas, sino habilidades aprendidas, cada una de las cuales aporta una herramienta básica para potenciar la eficacia. La carencia de las aptitudes anteriores se denomina actualmente analfabetismo emocional.


Todos los investigadores coinciden en las características de los niños emocionalmente inteligentes, que, a modo de resumen, son las siguientes:

· Poseen un buen nivel de autoestima

· Aprenden más y mejor

· Presentan menos problemas de conducta

· Se sienten bien consigo mismos

· Son personas positivas y optimistas

· Tienen la capacidad de entender los sentimientos de los demás

· Resisten mejor la presión de sus compañeros

· Superan sin dificultad las frustraciones

· Resuelven bien los conflictos

· Son más felices, saludables y tienen más éxito

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Tareas domésticas?



Nuestros hijos colaboran en casa


Un niño que recoge su habitación y colabora en las tareas domésticas, que ayuda a sus amigos cuando lo necesitan, que comparte las cosas con los demás... no, no estamos hablando del hijo perfecto, sino de un niño al que se le ha transmitido la importancia de ayudar a los demás. ¿Fácil? ¡En absoluto! Pero si empezamos desde bien pequeños podemos obtener unos resultados más que satisfactorios.
Así es como podemos empezar a transmitir a nuestros hijos la importancia de ayudar a los demás, relacionando su colaboración con las tareas de la vida cotidiana. Debemos permitir que nos ayuden en casa, reconocer sus esfuerzos por hacer las cosas (aunque luego tengamos que rehacerlas) y adjudicarles pequeños trabajos que sean de su responsabilidad.
Si desde bien pequeño conseguimos que nuestro hijo colabore en las tareas domésticas, crecerá con la idea de que colaborar forma parte de las rutinas habituales y, más adelante, las asumirá como naturales y las aplicará (después de todo un proceso educativo por nuestra parte) a otros ámbitos de su vida.
Algunos padres no permiten que sus hijos les ayuden a poner la mesa porque tienen miedo de que rompan un plato, se les caiga algo o coloquen todo en el lugar equivocado. Error. Si le ponemos trabas, nuestro hijo perderá confianza en sí mismo y no sentirá ningún interés por los trabajos en casa. ¿Quién no ha oído a padres (y, sobre todo, madres) lamentándose de lo poco que ayuda su hijo en casa? Cuando el niño crezca, de poco servirá que nos quejemos. Somos nosotros quienes, desde el principio, tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos la importancia de colaborar, tanto dentro como fuera de casa.

En clave de juego

Ante todo, debemos tener en cuenta que si queremos que nuestro hijo se comporte como a nosotros nos gusta, necesita sentir seguridad en sí mismo. Es imprescindible que se sienta querido y que mantenga lazos estables con las personas que le rodean. Este "colchón", formado por los padres, la familia o las personas que conviven con él, proporciona al niño la tranquilidad necesaria para desarrollar su educación ética. Por eso se dice que la educación de valores empieza a partir de nuestro nacimiento.
En la etapa infantil, lo mejor es que nuestro hijo se implique cuanto antes en las tareas domésticas. Aunque para nosotros, en ocasiones, parte de este trabajo resulta una carga que realizamos casi por obligación, para los niños pequeños puede resultar algo bien distinto. Lo entienden en clave de juego. Todos los trabajos que hacen papá y mamá parecen divertidos, y eso tenemos que aprovecharlo antes de que empiecen a distinguir claramente entre juego y trabajo. Podemos empezar adjudicando pequeñas tareas, siempre adecuadas a su edad. Se trata de implicar al niño poco a poco, sin atender al resultado y sí al proceso: por ejemplo, si nuestro hijo tiene cuatro años, debemos mostrarnos muy satisfechos si por la mañana recoge su pijama, en vez de dejarlo tirado en el suelo, y 'cubre' su cama aunque la sabana asome por debajo de una colcha retorcida…

Pequeñas tareas para cada edad
A los niños que empiezan a caminar, les encanta recoger objetos. Cuando acabe de jugar con sus juguetes, coloca una caja, un baúl o una bolsa cerca del niño y anímalo a guardar todos los trastos en el interior del recipiente. Cuando acabe, felicítalo por lo bien que lo ha hecho. De esta manera se acostumbrará a hacerlo sin darse cuenta, ya que para él recoger formará parte de la actividad lúdica que haya llevado a cabo.
Con dos años ya querrá colaborar en tareas domésticas. Quiere ser como papá y mamá y hacer lo mismo que ellos. Empieza la fase de imitación. Al principio podemos permitir que ayude en aquello que le gusta. No veas estas colaboraciones (tal vez un tanto desastrosas) como un problema. Él disfrutará mucho y se sentirá muy útil ayudándote. Déjale, por ejemplo, el trapo del polvo o la bayeta para que limpie.
Alrededor de los tres años ya puede llevar y traer su vaso y sus cubiertos de la mesa. Y a los cuatro ya es capaz de ponerla sin ayuda. A esta edad, el niño ya está escolarizado y, por tanto, cambiará su percepción de la realidad. Ayudar dejará de ser un juego para convertirse en un trabajo. Durante unos años es probable que el niño se muestre rebelde ante nuestros intentos de que asuma una tarea doméstica. Hay que tener paciencia. Seguramente también entrarán en escena otros elementos, como un hermano pequeño ("¿por qué tengo que poner la mesa si él no hace nada?") y el ansia de independencia, que lo llevará a rechazar cualquier propuesta paterna o materna relacionada con el trabajo y la colaboración. De todas maneras, es conveniente que le adjudiquemos una pequeña tarea, simple y concreta, que deba cumplir sin ayuda de manera más o menos habitual. Un trabajo que, si él no hace, nadie hará por él. Aunque al principio se niegue a llevarlo a cabo, piensa que si desde pequeño le hemos inculcado la idea de ayudar a los demás, y si persistimos en ello, acabará responsabilizándose de lo que le hemos encargado.

Cambios en la escuela

El contacto con otros niños en la escuela comporta un gran cambio. El niño de tres, cuatro y cinco años es egoísta, está pasando por la etapa egocéntrica. La relación con sus compañeros de clase ayudará a modificar esta conducta pasajera. A estas edades, nada ni nadie hace cambiar de opinión a nuestro hijo. Él siempre tiene razón y no hay más que hablar. En el colegio se ve obligado a conocer otras opiniones, se dará cuenta de que no todos los niños piensan lo mismo que él y de que muchas veces tiene que dialogar y llegar a un acuerdo para seguir jugando o no discutir. Es decir, no tiene más remedio que aprender a convivir y a aceptar puntos de vista diferentes. También en la escuela aprende normas sociales fuera de la familia y tiene que trabajar en equipo, algo que será muy importante y que nosotros podemos potenciar en casa.

¿Qué más podemos hacer en casa?

Lo más importante es que nos convirtamos en modelos de conducta para nuestro hijo. Tenemos que dar ejemplo. No podemos exigir al niño que se porte bien con los demás, que ayude y colabore, cuando nosotros eludimos este tipo de responsabilidades. Es fundamental que nuestro hijo viva en un ambiente familiar que fomente la cooperación, debe  tener unos modelos estables que compartan pertenencias y trabajos, tiempo libre y conversaciones. Si ve que ayudamos a los vecinos o a otros miembros de la familia, y que a su vez ellos responden de la misma manera tendrá una percepción muy positiva de la colaboración entre las personas.
De esta manera, igual que nosotros nos prestamos a hacer un favor o a ayudar a otras personas, debemos potenciar que nuestro hijo comparta sus juguetes con otros niños o que, cuando sea más mayor, ayude a algún amigo que tenga problemas con una asignatura. Debemos explicarle que es conveniente que actúe acorde con estos principios, ya que él también necesitará ayuda en otro momento, y entonces le gustará que alguien le eche una mano.
Cuanto más pequeño es nuestro hijo, más estímulo necesita. Si desde el principio aprende a colaborar y a asumir responsabilidades, entenderá mucho más rápido el significado de la cooperación. Entenderá por qué es importante hacerse la cama o ayudar en casa. Entenderá que ayudar a los demás es una cuestión de convivencia, de respeto a uno mismo y a los demás.


viernes, 10 de febrero de 2012

Galletas con Lacasitos


Las galletas que os proponemos preparar con los niños pueden ser una gran alternativa para la merienda, para el desayuno, postre, para el tentempié en el patio de colegio, e incluso para una fiesta de cumpleaños. Si tu hijo todavía no la ha probado, seguro que le encantará. Además, podéis divertiros un montón, poniendo los lacasitos y m&m en cada una de las galletas. ¡Allá vamos!

Ingredientes:
- 2 tazas de harina de trigo
- 1 huevo
- 60 gr de mantequilla
- ½ taza de azúcar moreno
- ½ taza de azúcar blanco
- 1 cucharadita de sal
- ½ sobre de levadura
- 1 cucharada de esencia de vainilla
- 1 taza de lacasitos o M&M
- Nueces o avellanas picadas (opcional)

Preparación:
1- En un bol, batir los dos azúcares con la mantequilla. Si podéis utilizar una batidora, mejor. La mezcla debe quedar perfectamente integrada y con una consistencia esponjosa. Añadir el huevo y volver a batir.
2- Cuando esté todo muy bien mezclado, añadir la harina, la sal, la levadura, la esencia de vainilla y, con la ayuda de una cuchara da madera, mezclar todo hasta que la mezcla se quede uniforme.
3- Cuando la mezcla se quede al punto de poder cogerla con las manos, dar forma a las galletas. Primero se hace una bolita y luego la aplastas.
4- Disponer las galletas por una fuente untada con mantequilla y harina (para evitar que se peguen), e ir incrustando los m&m de distintos colores en cada una de las galletas. Las galletas deben estar distanciadas ya que crecerán durante la cocción.
5- Llevar las galletas al horno, precalentado a 180ºC, por unos 15 minutos, aproximadamente. Cuando noten que sus bordes estén tostados, retirarlas del horno y dejarlas enfriar. Aquí tenemos nuestras galletas m&m, muy crujientes, atrayentes, y llenas de colores.

jueves, 9 de febrero de 2012

Motivación a la lectura


La lectura es un proceso gradual en el que intervienen numerosos factores fisiológicos, sicológicos, emocionales…

La estimulación que prepare su desembarco feliz en la lectura debe empezar muy pronto. Y lo mejor –y lo peor– es que depende en gran parte de los padres. El colegio, en este aspecto como en tantos otros, será un eficaz colaborador, pero carece del poder estimulante de los padres e, incluso, de los abuelos y hermanos mayores.
Tiene 3, 4, 5 años... No sabe leer, pero le gustan los cuentos. El libro es todavía un juguete mágico que le proporciona momentos deliciosos con los adultos. Leedle ahora a vuestro hijo o hija cuentos “interminables”, llenos de ternura; historias de animales, cómicas o tristes, con un final feliz; “horribles” aventuras de ogros y princesas que pongan en marcha su imaginación y despierten sus deseos de descubrir el mundo de la lectura. Vuestra voz transmitirá a vuestro hijo mucho más que una historia: el cuento se convierte en una inigualable corriente de afecto y fascinación.
                            Lectura para los pequeños

Afortunadamente, los niños y niñas acceden cada vez antes al mundo de las publicaciones. Libros y revistas les proporcionan información, los ayudan a desarrollar su fantasía y su inteligencia y a comunicarse con los demás.

La oferta es abundante, pero la selección debe ser cuidada. Existen libros con diferentes niveles de dificultad que se adaptan a las diversas etapas de madurez del niño: con grandes dibujos simples, de colores básicos y sin texto; con imágenes más complicadas, acompañadas de palabras o frases sencillas; con narraciones de cierta complejidad...

También existen libros pensados para estimular los distintos órganos de los sentidos: con páginas de diferentes texturas para tocar y sentir; con sonidos, olores, relieves, troquelados y pegatinas; de tela, cartón o plástico... Todos tienen algo en común: su valor lúdico, estimulante y su gran fuerza motivadora.

Además de libros, sirve cualquier material que facilite el contacto con la lectura, como juegos para empezar a conocer las letras; piezas para encajar y dominós que estimulan su observación; puzzles de grandes piezas que favorecen su capacidad discriminatoria o CD diseñados para los más pequeños.

¿Eres un buen “cuentacuentos”?
Trucos para aficionar a los niños a la lectura

  • Mantener una cita regular con el niño o niña y la lectura. El mejor momento, por la noche, antes de que se duerma.
  • No cortar la narración. Los niños necesitan conocer el comienzo, el desarrollo y el fin de la historia para comprender la estructura.
  • No recordar al niño que tendrá que aprender a leer para estudiar.
  • No desmenuzar la historia con excesivas explicaciones o preguntas sobre el texto. La magia se esfuma.
  • Potenciar la conversación que provoca la historia es de sumo interés para el niño.
  • Transmitir entusiasmo al leer: un cuento leído con cierta teatralidad acapara la atención del niño: cambios de voz, gestos...
  • Dejar a los niños que manipulen los cuentos, los hojeen, investiguen, miren las ilustraciones, nos comenten lo que ven...
  • Las rimas, adivinanzas y trabalenguas tienen mucha musicalidad y los divierten.
  • La selección de los libros es importantísima: ilustraciones, temas, papel.... Pero sobre todo que sean adecuados a la edad.
  • No olvidar que, a cualquier edad, la lectura es un placer compartido.
             10      Razones para leerles un cuento

  1. Los cuentos ayudan al niño a resolver sus conflictos afectivos y descargar sus angustias. Cada final feliz le da consuelo, esperanza y confianza.
  2. Los cuentos aportan experiencias variadas que aumentan su conocimiento de la realidad y van enriqueciendo su forma de pensar y conformando sus conductas.
  3. Los cuentos de hadas ahuyentan pesadillas y temores nocturnos. El niño adquiere seguridad en sí mismo cuando comprueba que el protagonista ha sido capaz de vencer al lobo o a la bruja.
  4. “Había una vez...”. Los cuentos tradicionales tienen una gran fuerza evocadora. Tienen el poder de introducir al niño en un mundo diferente.
  5. Los padres que cuentan cuentos a sus hijos afianzan los lazos afectivos con ellos: el niño es consciente de que sus padres están ahí para dialogar, compartir sus fantasías, aclararle sus dudas... para estar con él.
  6. El cuento estimula el lenguaje del niño y lo pone en contacto con la lengua literaria, más cuidada que el lenguaje cotidiano. El cuento aumenta su capacidad de comprensión y expresión.
  7. Los libros con imágenes, viñetas o pictogramas provocan en el niño el deseo de comenzar a leer.
  8. La narración de los cuentos fomenta su actitud de escucha y su memoria.
  9. Los cuentos populares que tratan temas y costumbres de nuestra sociedad ayudan al niño a conocer las tradiciones ancestrales.
  10. Al hilo de nuestras narraciones, el niño puede inventar sus propias versiones, según su fantasía. De esta forma, también fomentamos su creatividad.